martes, 5 de marzo de 2013

Iguales derechos, iguales obligaciones


IGUALDAD DE HECHO NO DE DERECHO
Lo que todavía nos falta a las mujeres es aprender que nadie nos da poder.
Simplemente tenemos que tomarlo nosotras
(Roseanne Barr)

Este año la Organización Internacional del Trabajo está convocando  a terminar con la violencia de género dentro de los centros laborales.

 Es lamentable que  en pleno siglo XXI dominado por la tecnología y las investigaciones para la colonización de Marte o  el conocimiento de la nanotecnología en la cura de enfermedades genéticas, la explotación hacia la mano de obra femenina siga estando en segundo plano cuando de economía globalizada se habla.

Las mujeres siguen siendo consideradas como alternativas al trabajo  hecho por los hombres, la mujer es la que más sufre los embates de crisis ambientales y guerras fratricidas. El trabajo femenino e infantil sigue siendo garante de bajos salarios en la maquila instalada en  cualquier parte del mundo.

Sin embargo en los discursos oficiales se declaran “programas” de apoyo para que las mujeres abandonen este ciclo de doble explotación y se aprueban leyes donde se decreta la tan soñada igualdad que queda plasmada en tinta pero que nunca ha llegado a consolidarse en la vida cotidiana.

Las mujeres siguen siendo minorías en los Congresos donde se discuten y aprueban las leyes.

En México después de años de que el sistema paternalista estableció la igualdad jurídica y que los órganos responsables de organizar las elecciones  firmaron dictámenes para asegurar la equidad política, la casta gobernante ha cerrado el avance del pensamiento femenino.

 En Coahuila donde este año se elegirán a los presidentes municipales, no llegan al 10% mujeres que serán postuladas por los distintos partidos políticos para ocupar dicho cargo. Las diputadas solo fueron llevadas por obligación  legal y de emergentes para cumplir con “las cuotas de equidad”. ¿Cómo esperamos entonces que los derechos sean una práctica de hechos?
La violencia intrafamiliar sigue al orden del día, las desapariciones forzosas de mujeres jóvenes y niñas no se investigan y los feminicidios, en este estado como en el resto de la república, se ocultan y en consecuencia, no se hace justicia.

Las mujeres no podemos esconder nuestras demandas de justicia y equidad de los  órganos de gobierno si no formamos parte de ellos, por capacidad antes que por “cuotas.
La violencia en los centros de trabajo, en la calle, en el hogar, no se detendrá a menos que las mujeres  ganemos los espacios públicos con capacidad, preparación, honestidad y entereza.
Por una mujer que entrega su voz o  voto perpetuando este sistema de discriminación, otras mujeres están padeciendo hambre, abandono, vejaciones y olvido.

Si Elba Esther Gordillo, mujer,  fue encarcelada por su ambición desmedida de poder político y económico que también sean encarcelados el secretario general del Sindicato de petroleros o que “Napito” sea repatriado para que cumpla con la justicia (aprobada por mayoría de diputados hombres) de los mexicanos, a lo mejor, entonces, el gobierno de Peña Nieto irá mostrando, que por lo menos, en su  lucha contra corrupción sindical tiene la intención de que haya  equidad.

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