sábado, 20 de septiembre de 2014

A salario mínimo, mínima conciencia sindical.

GLOBALIZACIÓN DEL SINDICATO BLANCO.

El origen teórico del sindicato fue la organización de los trabajadores frente al capital para rescatar el valor de la fuerza de trabajo y dignificar la calidad humana del obrero.
En México, durante los antecedentes de la Revolución Mexicana, los grandes movimientos obreros de Cananea Y Rio Blanco que exigían una reivindicación de demandas que hoy vemos como el reconocimiento a los derechos mínimos de los trabajadores, fueron reprimidos  con la mancuerna Inversionistas – Estado.

En la Constitución de 1917 arduo trabajo costo a los congresistas la aceptación de un artículo, el 123 que estableció el derecho a recibir un salario digno suficiente para que el trabajador pudiera cubrir las necesidades básicas de su familia. Utopía que a casi 100 años de su promulgación no se ha conseguido.

El sindicalismo en México fue arropado por el Estado Revolucionario para asegurar que los gobiernos “emanados de la revolución” contaran con votos suficientemente maquillados de democracia pero sin que el avance económico se reflejara en el bolsillo de los obreros. Los líderes sindicales demostraron su fidelidad ganando con ello riquezas obscenas e impunidad legislativa. Deschamps ahora como antes lo fueron Salvador Barragán, Napoleón Urrutia o Elba Esther Gordillo.

Al triunfo en las urnas de la confianza ciudadana  depositado en Vicente Fox, la fidelidad de la CTM al PRI canceló los desfiles obreros del 1° de mayo convertidos en besamanos a los gobernantes en turno por Fidel Velázquez e inaugurando con ello el silencio y el sometimiento total de los obreros al capital.

Ahora cuando el gobierno del Distrito Federal y el Partido Acción Nacional se adjudican el deber de cuestionar los miserables salarios que reciben los trabajadores, el sindicalismo mexicano no está a la altura para asumir su misión histórica de encabezar las demandas obreras. En todas las reformas donde se han tocado los derechos laborales,  el STPRM, SNTE o la CTM guardaron silencio.

A setenta pesos diarios (en promedio) se redujo el principio establecido por nuestra Carta Magna para satisfacción de OCDE o Banco Mundial o Fondo Monetario; no importan las siglas, la acumulación del capital es lo importante, los trabajadores somos sustituibles. El sindicato combativo, los Batallones Rojos, la Internacional obrera se ha convertido en el mundo en sindicalismo blanco sumiso y callado porque con 70 pesos nadie se puede arriesgar a un “paro” a un despido a una lista negra o no tener lo suficiente para medio comer  y engrosar con ello las estadísticas de pobreza de un País que presume la riqueza del subsuelo y la disciplina obrera para que sigan llegando inversionistas extranjeros.

Profra. Josefina Sánchez Ponce

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