domingo, 7 de mayo de 2017

Cuando las lideresas hacen temblar a la democracia

AMAS DE CASA: BRAZO ARMADO DE LA SOCIEDAD CIVIL.





En la década de los 70’ nuestro país vivía la explosión demográfica y la falta de vivienda era evidente; el milagro mexicano había concluido abriendo la brecha entre los pocos que tenían todo y la gran mayoría que no tenía nada y entre ellos la incipiente clase media que emigraba a las ciudades en busca de una vida digna.
La solución fue la manipulación de los más pobres para formar ciudades perdidas en las orillas, donde los terrenos eran inhabitables y carecían de valor; la invasión de terrenos ejidales o agrícolas, la venta fraudulenta de tierras para que los pobres, también se sintieran al fin dueños de un trozo del territorio nacional.
El acarreo de mujeres, amas de casa, a exigir agua y luz para sus chozas. Mujeres pobres jalado niños famélicos cubiertos con unos cuantos hilos de tela simulando ropa para no ser reprimidos ni alejados con el uso de la fuerza pública, buscando una respuesta, una entrevista. Para los dirigentes se abrieron puertas, para ellas solo el desprecio, solo eran números, masa de la que se aparta la vista por temor a que la conciencia tiemble y se vuelva solidaria.
Y funcionó; las amas de casa demostraron que eran utilizables y se les ascendió a acarrea votos para que la Revolución institucionalizada se maquillara de democracia. Son las que reparten despensas y ayudas, porque para eso son las líderes de las colonias, para ellas los últimos rayos del poder para que se sientan parte del poder, de los triunfadores, parte del grupo por el que dan la vida y los hijos, y quizás hasta la honestidad porque con ese valor no se paga la comida.
Dos votos por 150, una colonia por 5mil pesos bien valen una administración para ser más pobres.
Y el brazo armado con puños, palos y voces que demostró su utilidad en el Estado Democrático llamado México por casi 90 años, ahora se diversifica, nuevos clientes acuden en su busca. Sus nuevos manipuladores no piden tanto, solo ojos, oídos y bocas; la riqueza ilícita se reparte y no hay que andar casa por casa o madrugando el día de las elecciones, solo estar listas para hacer manifestaciones, con los niños de brazos para impedir que la policía o el ejercito intenten meter en cintura a la delincuencia organizada que, irreverente, se ha salido del control y muestra al mundo que el maridaje de la corrupción y la impunidad se han adueñado de los restos de sueños de que con un trabajo honesto se puede vivir “como la gente decente”
Hoy nos espanta la fuerza de las amas de casa, una fuerza que se creó para controlar a la sociedad sin utilizar la represión; en el estado moderno mexicano es más peligroso estar en la lista negra de la líder de la colonia que en la lista de los más buscados por la INTERPOL.
Mujeres y niños cierran carreteras para defender a los roba combustibles; mujeres y niños encabezan manifestaciones para defender a narcotraficantes, mujeres y niños se colocan entre las balas de la policía y los delincuentes que se escapan ¿Cómo enfrentar, ¿cómo explicar que eso también es delincuencia organizada si los delincuentes “pagan 15 mil pesos mensuales y el salario honesto solo deja un poco más de tres mil pesos para toda la familia?
En los estados, en donde sufragaremos millones de mexicanos con el eterno sueño de hacer una revolución con el voto, les reclamamos a las lideresas por aceptar ser parte del estado fallido, pero, terminados los procesos electorales, los que piensan en el cambio se regresan a casa, a las escuelas, a las universidades, a las oficinas a rumiar derrotas porque la maquinaria institucionalizada funcionó como un reloj bien aceitado. La realidad es otra: el hambre es diaria, la miseria es diaria, la pobreza es asunto de todos los días y los discursos de elección tras elección no dan de comer.

Josefina Sánchez Ponce
jsanchezponce@hotmail.com







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