jueves, 26 de marzo de 2026

CUANDO ENSEÑAR SE VUELVE UN ACTO DE RIESGO

Un aula sin maestro. Cuando enseñar se vuelve un acto de riesgo, el silencio también educa. 

Hay una película española ambientada en el apogeo del franquismo, La lengua de las mariposas. En ella, un maestro mayor enseña ciencias, matemáticas y literatura a los niños de un pequeño pueblo. Les enseña a pensar, a reflexionar y a comprender que las acciones tienen consecuencias. Su verdadero delito no es político ni religioso: es formar ciudadanos capaces de cuestionar la injusticia.

En el clímax, las élites del pueblo lo denuncian por “comunista” y “ateo”. Logran expulsarlo y, en la escena final, uno de sus alumnos —repitiendo lo que escucha de los adultos— lo insulta y le lanza piedras. No entiende lo que dice, pero reproduce la violencia que ha aprendido.

Esta semana, en México, volvimos a enfrentar una tragedia: dos maestras asesinadas dentro de su escuela por un adolescente con acceso a un arma. Un joven que, sin comprender que sus actos tienen consecuencias, descargó su ira de la forma más destructiva. Eso es lo que aparece en los titulares: lo visible, lo inmediato, lo que vende.

Pero debajo de esa superficie hay una realidad más profunda: en México, la violencia se ha convertido en una institución tolerada desde espacios de poder político y económico.

Hoy, para ser maestro basta un título y aprobar un examen de oposición. No se exige formación pedagógica, ni comprensión del desarrollo infantil, ni vocación. Al mismo tiempo, los docentes son estigmatizados por la crisis educativa, mientras se sostiene un sistema donde prácticamente nadie puede ser suspendido o reprobado. Niños y adolescentes crecen sin aprender que sus actos tienen consecuencias.

Los pocos maestros que aún desean formar ciudadanos se enfrentan a un país donde los asesinatos rara vez tienen responsables, los robos quedan impunes, los fraudes no llevan a nadie a prisión y la corrupción gobierna. Día tras día observan que, en la práctica, las acciones no tienen consecuencias.

¿A quién reclamar? El secretario general del SNTE es senador por el partido en el gobierno, (antes  fue militante del PRI y de Nueva Alianza), y hoy ha alineado a la dirigencia sindical con el oficialismo, desde esa posiciòn ¿cómo va a señalarque la crisis educativa 
existe porque no hay una política educativa clara, coherente y responsable con la nación?

¿Qué autoridad defenderá a los maestros si desde las más altas esferas se promovió la idea de que los docentes son flojos, ineptos o corruptos, preparando el terreno para que la educación privada se perciba como la única opción “de calidad”?

El daño está hecho. El asesinato de estas dos maestras se suma a una lista dolorosa. El duelo de sus familias se resolverá con seguros y silencio institucional. El adolescente será enviado a tratamiento psicológico. Y, una vez más, no habrá consecuencias reales.

Mientras tanto, quienes siguen frente a grupo callarán por supervivencia. Cumplirán su papel de guardianes y aprobarán generación tras generación de jóvenes que, al llegar al mundo laboral, reproducirán lo que aprendieron durante años: “Tengo derechos, pero ninguna obligación”.

Y así, entre impunidad, abandono y discursos que desprecian la labor docente, seguimos matando profes.
No siempre con balas. A veces con indiferencia. A veces con silencio.
Y siempre, siempre, con consecuencias que nadie quiere asumir.

Lic. Josefina Sànchez Ponce